14 junio 2015

El preso

Hoy os quiero presentar un cuadro que lleva mucho tiempo dando vueltas en mi cabeza. No sé cuánto; pero sí donde surgió la idea. Un día mi tío Jaro, me enseñó un cuadro que había hecho a partir de una lámina que encontró tirada en la calle, de estilo cubista y donde aparecía un arlequín tocando su bandurria en una celda. Los colores alegres y vivos del cuadro, contrastaban con la soledad que proyectaba el arlequín sobre la copa de vino y las cuerdas de su vieja bandurria. Inconscientemente me recordó a Miguel Hernández… Y tuve que hacer mi propia versión.



Y ahora os dejo un poema de Lorca (porque me apetece):

Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.

Es inútil callarla.
Llora monótona,
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible callarla.

Llora por cosas lejanas.
Arena del sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama

¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.



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